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Historia

lecforNothing

Desarrollada desde la década de los años 60 del siglo pasado como un subgénero de la performance, la conferencia performativa es un formato artístico que está experimentando un fuerte desarrollo hoy en día, aunque sigue siendo poco conocido en España. Denominada en inglés lecture-performance, y en castellano ‘conferencia dramatizada’ o ‘conferencia performativa’, se trata de una práctica artística expandida, un tipo específico de presentación que va más allá del formato académico de conferencia y que los artistas (y todo tipo de agentes culturales) emplean para hacer de la conferencia un espacio performativo que, al aunar aspectos de la dramaturgia a la educación, facilita la participación intelectual, emotiva y afectiva de la audiencia. Se trata, por un lado, de un formato educativo o de mediación, pero por otro se acerca a las artes escénicas y al espectáculo. Por ello, usualmente es un trabajo experimental e híbrido que quiere ir más allá de formatos ya codificados como la instalación, la performance o el happening y en consecuencia asume un carácter promiscuo y heterogéneo. En relación con este carácter híbrido, las conferencias performativas incorporan elementos del mundo del espectáculo, los contadores de cuentos, los medios de comunicación, internet e incluso de la publicidad.

Las primeras referencias del uso de la conferencia como obra de arte se remontan a 1949 y 1958 cuando, además de inventar un tipo de composición experimental basada en el azar y la indeterminación, John Cage desarrolló un uso de la conferencia que él denominó “conferencia demostración”. La primera conferencia de este tipo producida por el artista fue Lecture on Nothing en 1949 y consistía en un texto minuciosamente escrito a modo de partitura en la que aparecen no sólo las palabras de la conferencia sino también algunos ruidos y los silencios que se deben producir al pronunciarla. Además, preparó 6 respuestas con las que respondería a las preguntas que el público pudiese formularle, independientemente de cuales fuesen éstas. Luego explicaría que ese decisión estaba guiada por la filosofía Zen a la cual remite también el concepto de “nada” del propio título

La siguiente “conferencia demostrativa”, tal y como fue conceptualizada y denominada por Cage, fue 45’ for a Speaker: un texto para una conferencia cuyo contenido se configura aleatoriamente a partir de trozos de textos de conferencias previas y textos nuevos y por una serie de gestos guionizados tales como “dar una palmada en la mesa”, “toser” o “sonarse la nariz”. La culminación es estas ideas y propuestas alrededor de la conferencia demostrativa fue una serie de conferencias impartidas en Darmstadt en 1958 titulada Composition as Process, dividida en 3 secciones -Changes, Indeterminacy y Communication- que el artista “ejecutó” junto con el pianista David Tudor. En septiembre de 1958 concibió una conferencia independiente titulada Indeterminacy, una especie de collage constituido por una recopilación de anécdotas, que Cage presentó en Bruselas. En 1961 apareció la primera recopilación de estas conferencias y escritos bajo el título de Silence (Wesleyan University) que influirá notablemente en la consideración de las conferencias como formato artístico que rompe con las convenciones pedagógicas y académicas para acercarlo a las formulaciones del arte.

A partir de 1960, La Monte Young, Walter de Maria, Henry Flynt y, sobre todo, Robert Morris concibieron y escribieron conferencias similares basadas en los principios inicialmente establecidos por John Cage.

El primer manifiesto de Auto-Destructive Art, publicado en 1959, fue leído en una conferencia en 1964 por su autor Gustav Metzger y fue recibido por la audiencia como una suerte de nueva forma de arte que algunos categorizaron como happening ante la ausencia de un vocabulario específico para denominar una nueva forma de configuración artística o de formato experimental que más tarde se iría abriendo camino y que hoy denominamos “conferencia performativa”.

También en 1964 el artista norteamericano Robert Morris empleó el registro videográfico de unos 21 minutos de duración de una conferencia del famoso historiador del arte Erwin Panofsky y lo presentó al público como un medio artístico. Fue probablemente uno de los primeros en emplear el formato académico y reflexivo de la conferencia como una forma de arte que cuestionaba las concepciones establecidas sobre lo que es una forma de arte, sobre los mecanismos de difusión del arte y sobre la manera en la que una forma o configuración artística se dirige a la audiencia.

Durante los años 70 y 80, artistas tan conocidos como Dan Graham (Performer/Audience/Mirror, 1975), Joseph Beuys (Jeder Mensch ein Künstler – Auf dem Weg zur Freiheitsgestalt des sozialen Organismus/Each Person an Artist – on the Way to the Freedom Figure of the Social Organism, 1978) y Andrea Fraser (Museum Highlights, 1989) continuaron con la práctica de usar el formato de conferencia con fines artísticos. Mientras Morris se centró en la forma en la que el lenguaje es empleado para hablar sobre arte, Graham y Beuys -cada uno a su manera- se centraron en el público y Fraser en el entorno institucional y en el sistema del arte en el que la conferencia dramatizada tiene lugar. Estos artistas dibujaron las grandes direcciones o líneas de investigación por las que discurre la conferencia dramatizada (lenguaje, audiencia y crítica institucional), aunque en los últimos tiempos han aparecido nuevos campos y la conferencia se ha expandido a nuevos temas derivados, en buena medida, de las experiencias llevadas a cabo en talleres o workshops relacionados con la aplicación de algunas investigaciones de las artes escénicas en las artes visuales y del uso de las tecnologías de la comunicación y de las redes sociales.

Artistas como Chris Burden e Yvonne Rainer también emplearon las conferencias performativas como forma de borrar las fronteras que separan el arte de la vida o la práctica de la teoría. Este tipo de prácticas en forma de charlas dramatizadas siempre suelen ser producidas por artistas o creadores en los que es fundamental la práctica educativa, que conciben la parte educacional y la mediación como indisociable de sus propuestas artísticas.

En los últimos años, además, la expansión de la conferencia como práctica artística tiene que ver con el uso de la conversación como medio de producción de conocimiento. Así lo evidencian los kitchen talks en la galería Nogueras-Blanchard, los proyectos basados en entrevistas y conversaciones de Hans Ulrich Obrist, o el proyecto La ocasión del colectivo Jeleton. Se han multiplicado los eventos, proyectos, simposios, jornadas, y festivales de todo tipo que se acercan a esta forma de arte. Entre ellos cabe citar Perform a lecture! Organziado por The Office y la programación de HAU en Berlín, las propuestas de La Monnaine de Paris o del Tanzquartier en Viena, la exposición Conversational Art en el ZKM de Karlsruhe, la muestra Lecture performance en el MoCA Belgrado, el programa de performances Lecture Performance – Between Art and Academia en Overgaden (Copenhague), la exposición Talk Show presentada por el ICA de Londres, los trabajos desarrollados por Bruce High Quality Foundation (BHQF), X Initiative, Radar Festival que incluye el proyecto Chautauquau! de la NTUSA o, entre otros muchos, el Festival Performa, todos ellos en Nueva York.

Esta expansión de la conferencia y la conversación como formatos de trabajo tiene también que ver con el rol del arte como medio de formación y de progreso individual y colectivo (englobando en este aspecto el trabajo con comunidades y las prácticas artísticas imbricadas en lo social), la estética relacional, etc.

Todas estas propuestas, además de un aire de familia relacionado con lo social o lo comunitario y una voluntad transformadora, tienen en común una cierta resistencia ante el objeto. Muy a menudo el sistema artístico privilegia el resultado final, dejando en penumbra el proceso para dicho resultado (lo cual es muy negativo porque redunda en la idea comúnmente aceptada de que el arte aparece sin saber cómo), y sobre todo reforzando la idea de que tiene que haber un producto o un resultado (lo cual es también muy negativo porque privilegia lo crematístico, favorece la instrumentalización y deja al margen aspecto importantes para el arte como son los procesos, lo inmaterial, lo desconocido, lo no productivo, la investigación, etcétera). La conferencia como formato de trabajo incorpora en sí misma los procesos de trabajo, las rectificaciones y cambios, los retrocesos, el contacto con la audiencia, la investigación, el archivo, las fuentes, los materiales y un largo etcétera que muy a menudo no aparecen en el resultado final.

Hemos de hacer notar, además, que esta forma de arte conecta muy bien con una de las necesidades actuales del arte. Si bien hasta hace poco el arte contemporáneo se centró en la creación de instituciones y contenedores para las prácticas artísticas y, también, en las programaciones para dar a conocer producciones artísticas poco o escasamente conocidas; en este momento lo que se está asentando es la necesidad de entrar en una nueva fase en la que el foco se pone en las audiencias, en las formas de acercar el arte a los públicos y en las estrategias de mediación para hacer que el arte sea un campo activo en la vida diaria de las personas. En este momento se está produciendo un giro sistémico en el campo del arte que va de la programación a la mediación.

Manuel Olveira, comisario

Imagen: http://www.mif.co.uk/event/eszter-salamon-dance-for-nothing